Yo no fuí

•27 October, 2011 • Leave a Comment

Los días y las horas se aproximan para ese día que tendemos a revestir de valor y especialidad: el aniversario. Los preparativos están ya casi listos. Tanto uno como el otro esperan con ilusión ese preciado día. ¡El día ha llegado! Él pasa por ella y espera y espera y espera y espera… Resulta que ella se puso a hacer otras cosas y de ahí su gran retraso. Él, ya no se siente muy cómodo por haber esperado demasiado tiempo: “¿A quién le gusta esperar casi dos horas?” Llegan al lujoso restaurante, ¡y sorpresa! El lugar se encuentra lleno y él no hizo la reservación porque se le olvidó por tantas ocupaciones que tiene: ambos tienen que esperar a que se desocupe una mesa. Por fin de desocupa una mesa y pasan a sentarse. En la mesa, no hay romance ni pasión, sólo incomodidad y silencios incómodos. Entonces… empiezan a tirarse la bolita, a culparse unos a otros:

  • Ella: ¿Por qué no hiciste las reservaciones? ¿Por qué siempre se te olvidan estas cosas?
  • Él: ¿Siempre? Mira quién habla. ¿Por qué siempre tengo que esperarte? ¿Acaso no sabes que mi tiempo también es valioso?
  • Ella: Esto es tu culpa, ahora tienes que arreglarlo.
  • Él: ¡No!, tú empezaste haciéndome esperar mucho tiempo.

Ya te imaginarás cómo ha de terminar esto… Pero eso es otra historia…

El hombre le contestó a Dios:

—La mujer que tú me diste fue quien me dio del fruto, y yo lo comí.

Entonces el Señor Dios le preguntó a la mujer:

—¿Qué has hecho?

—La serpiente me engañó —contestó ella—. Por eso comí.

Génesis 3:12-13

Haber desobedecido a Dios tuvo gravísimas consecuencias. Adán y Eva empezaron a considerarse como indignos de culpabilidad, así que la salida fácil fue desplazar su culpa y responsabilidad por sus actos a alguien más… Detrás de un no reconocer nuestros errores y culpabilidad, se encuentra el peor enemigo que a través de los siglos tiene la horrorosa capacidad de destruir relaciones: el orgullo. “¿Yo?” Es un pensamiento común cuando nos encuentran con las manos en la masa. Nos cuesta reconocer que efectivamente, la regamos. Pero el orgullo, además de manifestarse como un “Yo no fui”, también lo observamos en un “No te perdono”. Dando por sentado que el ser humano a través de la desobediencia de Adán y Eva es orgulloso a más no poder, cuando en contra de su naturaleza reconoce su culpabilidad, por otro lado, le cuesta aún más perdonar. El rencor y el resentimiento por la ofensa y culpa del otro, producto del terrible orgullo, deteriora y destroza las relaciones. Dada nuestra actual condición humana, más que reconocer nuestra culpa, pedir perdón y dar perdón, debemos ser humildes. La humildad hace que reconozcamos nuestra culpabilidad y errores, nos vuelca a pedir perdón y otorgarlo. Podemos decir, que así como en el post pasado, la historia sería otra si ante la pregunta de Dios hacia el hombre y la mujer, ellos hubiesen dicho: “Sí, comimos del fruto prohibido. Lo reconocemos. ¡Perdónanos!”

¿Cuál es la solución para rescatar, sanar y mantener una relación? Ser humildes. ¿Cómo podemos serlo? Empecemos por hacernos un concepto más realista de nosotros mismos, aprendamos a reconocer nuestros errores y cuando por nuestra culpa algunas cosas suceden, así como ser más tolerantes con los demás y aceptar que las demás personas por más que se esfuercen de alguna u otra forma la regaran. Ser orgulloso es pensar y actuar como si fuésemos perfectos. Ser humildes es reconocernos a nosotros y a los demás como lo que somos: personas con cualidades y defectos.

¡No te escondas!

•14 October, 2011 • Leave a Comment

Los días van mejorando, las cosas parecen de ensueño. Tan emocionado has estado que un buen día, tus jeans favoritos ya no te quedan: ¡Te aprietan! Intentas con otra prenda de vestir y se te ve muy ajustada. Hay lonjita, llantita y energía de más acumulada. “¡Qué horror!” Tienes que hacer algo al respecto, así que la primera idea que pasa por tu cabeza es ocultar tus kilitos de más: Algunos truquitos con la ropa, fajas reductoras, adornos extravagantes en la parte superior del cuerpo para redirigir la atención, etcétera. Pero, cuando menos te lo esperas, recibes de alguien una declaración bien merecida pero nada deseada: “Parece que has subido unos kilitos.” Tu sobrepeso ya es evidente, ya no lo puedes ocultar. Así que tienes dos opciones: o comprar ropa nueva de talla más grande, o empezar a hacer ejercicio y cuidar tu alimentación.

¿Qué es lo común que hacemos cuando “la regamos”? Esconderlo, en lugar de reconocerlo y corregirlo. En el caso anterior, en vez de reconocer una vida sedentaria, una mala alimentación y descuido en el aspecto físico, optamos por ocultar y esconder las consecuencias de nuestras malas decisiones. Porque en lugar de optar por comida equilibrada y saludable, preferimos lo chatarra y grasoso; en vez de decidir hacer ejercicio, optamos por pasar horas frente a la computadora o el televisor. La cosa es, que por más que queramos esconderlo, tarde o temprano será descubierto y no nos quedará más que, o reconocerlo o seguirnos engañando.

«Cuando soplaba la brisa fresca de la tarde, el hombre y la mujer oyeron al Señor Dios caminando por el huerto. Así que se escondieron de Él entre los árboles. Entonces el Señor Dios llamó al hombre:

—¿Dónde estás?

El hombre contestó:

—Te oí caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo porque estaba desnudo.

—¿Quién te dijo que estabas desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te ordené que no comieras?»

Génesis 3:8-11

En la historia de Adán y Eva, hemos visto que ellos la habían regado, no supieron valorar todo lo que Dios había estado haciendo por ellos. Pero curiosamente, en lugar de reconocer su error, que habían desobedecido, que no habían confiado lo suficientemente en Dios, que le habían creído a la serpiente y que por ende habían pecado, en vez de eso, se escondieron. Es normal que cuando la echamos a perder nos dé miedo del qué dirán, de lo que nos podrá pasar, que temamos a las consecuencias de nuestras malas decisiones. Pero darle prioridad a nuestro miedo y escondernos de la realidad lamentablemente no es la mejor solución. Si la regamos, no hay que escondernos, sino reconocer nuestro error y buscar ayuda y consejo para solucionar la situación. Quizá la historia sería otra si Adán y Eva en lugar de esconderse, cuando Dios estaba por el huerto ellos le hubiesen dicho: “Señor, la regamos. Te desobedecimos. Pecamos. ¡Ayúdanos por favor!” Definitivamente, otra cosa con contaría el libro de Génesis si hubiese sucedido esto. Pero maravillosamente, la Escritura nos relata cómo es nuestra realidad, cómo es el ser humano y cómo Dios obra en medio de nuestra manera de ser.

Así que, si tienes unos kilos de más, en lugar de esconderlos, ponte a hacer ejercicio y a comer sana y balanceadamente. Si en tus relaciones has hecho cosas indebidas o sientes que le has fallado a las personas o que la has regado, deja de engañarte a ti mismo, de hacerte de la vista gorda, y mejor reconoce tu error y busca maneras de corregirlo. Las cosas siempre tienen soluciones, aunque también, nuestras decisiones tienen sus consecuencias, las cuales no podemos evitar. 

Hasta que lo pierdes…

•27 September, 2011 • Leave a Comment

¿En qué momento pasó? ¿Cómo fue que sucedió? Ni te diste cuenta de ello. ¡Demasiado tarde! Todo está terminado. No hay retorno. Parece que ya no hay manera de arreglarlo. La relación se terminó 😦

Ahora empiezas a pensar en aquellos bellos momentos que pasabas con esa persona, la que era tu persona: “¿Cómo pude ser tan estúpido(a)? ¿Cómo pude permitir que nos separáramos?” Te centraste en los detalles, en las diferencias incómodas entre ustedes, y en un arranque emocional, rompieron la relación. Ahora te lamentas. “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde.” Es así, como a partir de este momento tratas de arreglar lo que echaron a perder. Buscas lo medios, las personas o blogs como estos encontrar una forma de solucionar tu situación, pero las cosas no parecen mejorarse, sino hasta empeorarse.

Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió. En ese momento, se les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse.

Génesis 3:6-7

A partir de esta entrada, empezaremos a observar y estudiar más detenidamente las consecuencias de la desobediencia del hombre y la mujer –del ser humano- a Dios. Desafortunadamente, estas consecuencias tienen repercusiones, se ven plasmadas y son muy marcadas en nuestras relaciones personales. Mientras nuestra relación con Dios no esté bien, la relación con nuestro prójimo tampoco lo estará. Podremos engañarnos pensando que las cosas “andan bien”, porque no hay problemas o diferencias, porque estamos acompañados de personas que “nos caen bien”. Pero todo engaño sembrado, tarde o temprano dará sus frutos. Cuanto más tiempo tardes en cosechar los frutos del autoengaño, más devastadores serán los resultados y consecuencias.

En Cuando lo bueno te empalaga ya habíamos adelantado un poco de lo que queremos decir aquí: el ser humano no se dio cuenta de todos los favores y regalos que Dios le daba continuamente, que no supo aprovechar lo que Él hacía por ellos. No supieron valorar la relación que tenían con Dios ni la relación que existía entre ellos: el hombre y la mujer. A partir de que el ser humano desobedeció a Dios en el huerto del Edén, Dios simplemente les dio “una probadita” de padecer las consecuencias de sus actos. Así es, sólo una probadita: porque si Dios lo hubiese querido, en ese momento hubiera destruido a Adán y Eva, pero no lo hizo. ¿En qué consistió esta “probadita” de Dios sobre recibir lo merecido? En la vergüenza por la desnudez: una no aceptación de nosotros mismos y de los demás, deseos de ocultarnos a través de apariencias y máscaras con tal de no mostrarnos tal cual somos.

Más arriba, comentábamos que podemos engañarnos en nuestras relaciones al no tener situaciones incómodas. Pero si nos detenemos a analizar esto, entre más superficiales seamos y menos sinceros seamos con los demás, menos problemas tendremos con estos. Lo que antes de la desobediencia de Adán y Eva era un deleite [Véase Nudismo interpersonal], ahora es un dolor de cabeza. En muchos casos, evitamos mostrarnos tal cual somos porque debido a nuestra no aceptación y baja autoestima tememos ofender o lastimar a otros y/o salir lastimados u ofendidos. Al respecto, lo que puedo decir además de los consejos ya dados en entradas anteriores, es que tenemos que aprender y saber lidiar con nuestras diferencias. Debemos aprender y saber cómo mostrarnos tal cual somos. En otras palabras, tenemos que estar conscientes que no nos queda de otra, más que aprender y saber lidiar con las consecuencias de la desobediencia a Dios. Y como ya adelantamos en ¡El mejor trío! y en Pelea mortal: debemos tener una relación con la persona de Dios e integrarla en nuestras relaciones, no con su concepto.

Más que compañía

•22 September, 2011 • 1 Comment

¡Mujeres!, ¿quién las entiende? Quiere que esté con ella, y ahí estoy. Quiere que pase tiempo con ella, y ahí estoy. Quiere calidad en la relación, y se la procuro dar. Sin embargo, termina diciendo: “Nunca estás cuando más te necesito.” “No pasas tiempo de calidad conmigo.” “Ey, te estoy hablando, di algo. ¿Me estás escuchando? ¡Otra vez distraído!” [Y en el mejor de los casos, refunfuña. En uno de los peores, se le escurre una lágrima de frustración. :’(] ¿Te suena esto familiar?

Así que [la mujer] tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió.

Génesis 3:6

Es muy común –desde la perspectiva femenina-, que los hombres, entiendan las cosas  de una manera muy superficial. El hombre podrá ser más lógico, racional y mecánico que la mujer; es casi un hecho que será mucho mejor en estas áreas que ella. ¿Pero qué podemos decir las áreas afectivas, psicológicas, emocionales y sentimentales de un hombre? En muchos casos, tenemos que reconocer que es un fiasco. Al respecto, si podemos hacer una clara diferencia entre los hombres y las mujeres, es que los hombres se concentran en una sola perspectiva de la cosa, mientras tanto, las mujeres observan dos o más visiones de lo mismo, aunque no tan exhaustivamente como lo haría un hombre.

(Pongamos de una vez ejemplos antes que vengan las críticas ante esta afirmación): “Acompañar”. Antes esta singular palabra, el hombre pensará: “Estar físicamente con alguien. Estar presencialmente al lado de una persona, juntos, compartir momentos.” En cambio, la mujer, además de pensar lo mismo que el hombre, contemplará la compañía anímica, sentimental, ideológica, etcétera. Un buen hombre, se concentrará y esforzará en cumplir de la mejor manera su compañía física: ir allá y acá, estar aquí y allá, y demás. Una mujer consciente, no demandará siempre la presencia física, ya que en sí es imposible; pero sí demandará, además de la presencia física la emocional, la compatibilidad, la empatía, etcétera. En el caso de Adán y Eva, Adán sí estaba acompañando a Eva, pero sólo presencial y físicamente, pues el texto bíblico nos dice que después de que comió ella le dio al hombre que estaba con ella. ¿De das cuenta de esto? Cuando Eva estaba comiendo del fruto prohibido, Adán estaba ahí. No obstante, él no hizo algo al respecto. No vemos en la historia bíblica que Adán le preguntara a Eva por qué estaba haciendo eso o quién le había dicho que comiera de dicho fruto. Lamentablemente, la ayuda y compañía que Adán le ofreció a Eva fue para desobedecer a Dios. El hombre sólo se quedó con una perspectiva de “acompañar”. [Ver Ayuda idiota]

Pero este tipo situaciones, no sólo y exclusivamente se deben al hombre, sino también a la mujer. A veces las mujeres confunden a un buen hombre con un hombre perfecto. ¡Error! Aunque esto es de esperarse, ya que así como hay no hombres perfectos, tampoco mujeres. Si el hombre sólo se obsesiona con un lado o aspecto de la situación, es porque no está consciente de otros. Aunque las mujeres se los digan, señalen –en sus femeninas palabras- a los hombres, estos no estarán conscientes hasta que se los enseñen en sus varoniles palabras o éstos por su propia cuenta se den cuenta de ello. Curiosamente, las diferencias entre hombres y mujeres hacen que éstos se atraigan, pero también que éstos tengan algunos conflictos, problemas o discusiones; o como dicen por ahí, “que tengan sus diferencias”. Y sobre las “diferencias” o conflictos, algo que tanto hombres como mujeres debemos evitar, es generalizar. “Nunca” y “siempre” son palabras que no deben estar en nuestro vocabulario, en especial, cuando afrontemos situaciones incómodas donde el hombre no comprende la o las demás perspectivas de la mujer y viceversa.

Para concluir, Adán debió ofrecerle a Eva más que compañía física en el momento en que estaba con la serpiente y ella estaba tomando del fruto prohibido, así como Eva debió hacerle saber –o inclusive hacer consciente- a Adán del tipo de compañía que necesitaba además de la física y presencial.

Cuando lo bueno te empalaga

•20 September, 2011 • Leave a Comment

En medio de tu “reflexión” personal:

Miras a tu alrededor y al parecer otras personas tienen mejores prospectos(as), pretendientes, parejas, familias, amigos, etcétera. Te preguntas, ¿por qué estoy con esta persona? ¿Por qué me fijé en ella o en él? ¿Qué rayos le vi? Los demás tienen mejores personas a su alrededor: “¿Por qué Dios? ¡Por qué! ¡Qué te hice para que me hicieras esto!”

En medio del Huerto del Edén:

Me parece que serpiente tiene razón. Creo que Dios es egoísta. Me parece Dios es injusto, ya que se quiere quedar el conocimiento del bien y del mal sólo para Él. Me imagino cómo será eso de que se nos abrirán los ojos. Pues, viéndolo bien, pienso que el árbol no se ve tan mal: como que se me está antojando el fruto “prohibido”. Me cae bien la serpiente, ella sí no anda con rodeos como Dios y parece que dice la verdad. Si la serpiente tiene razón, juzgo que no nos pasará gran cosa.”

«La mujer quedó convencida. Vio que el árbol era hermoso y su fruto parecía delicioso, y quiso la sabiduría que le daría. Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió.»

Génesis 3:6

Eva actuó como consecuencia a las mentiras, medias verdades y artimañas de la serpiente. Se tragó todo lo que la serpiente le contó. Ante esta triste realidad, somos tentados a burlarnos de la mujer por la batida de baba que cometió. Pero si nos detenemos a pensar un poco más, caeríamos en cuenta que también nosotros podemos ser presa de mentiras, engaños, verdades a medias y cosas por el estilo. Como humanos, tendemos a desconfiar de los desconocidos y a juzgar todo lo que éstos nos digan; pero también nos olvidamos de poner en tela de juicio lo que nos dicen las personas que nos caen bien. La mujer quedó convencida con lo que le dijo la serpiente porque ésta le dijo cosas que Eva quería escuchar, le habló bonito y por ende, hasta le cayó bien. ¿Te has preguntado por qué te cae bien una persona? ¿Lo que te dice y hace por ti es para tu bien o es sólo por para buscar su propio bien?

Eva se dejó llevar no sólo por lo que sintió a partir de las palabras de la serpiente, sino también por lo que llegó a pensar de ella. Si la mujer hubiese juzgado no bajo la influencia de los dichos de la serpiente, quizá otra hubiese sido la historia. Lamentablemente, Eva empezó a pensar, creer y juzgar tomándose muy enserio la charla que había tenido con esta culebra ponzoñosa. Lo inconveniente de todo esto, es que lo que pasaba por la mente de Eva ya estaba distorsionado, infectado y alejado de la realidad debido a las artimañas de esta culebra. Pero aquí no termina todo, sino comienza: Cuando no somos realistas y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y pensamientos basados en verdades a medias, mentiras o dichos de quienes nos caen bien, además de pensar erróneamente, empezamos a repudiar nuestra realidad. Las palabras de la serpiente hicieron que Eva ya no estuviera conforme con lo que tenía y con lo era. No se sintió a gusto consigo misma. Dejó de aceptarse por lo que era, y así mismo, se sintió inconforme respecto a su relación con Adán y con Dios. [Sobre aceptación véase Nudismo interpersonal].

Cuando no aceptamos nuestra realidad (nuestras relaciones: amigos, pareja, familia, etcétera) muy probablemente es porque alguien puso de su ponzoña en nuestra mente para que pensemos así de lo que Dios nos ha regalado. Otra razón puede ser, que estamos inconformes porque estas personas no nos hacen sentir bien. Pero aquí hay grave problema: a veces, los sentimientos nos engañan (si no me crees, pregúntale a Eva). Dios les había regalado a Adán y a Eva todo lo que tenían. Su desobediencia, aparte de su falta de confianza en Dios [Ver Prohibida obsesión], nos denota su inconformidad e incomodidad con lo que tenían. Fueron lo demasiados ingenuos e inocentes para no darse cuenta que al comer del fruto prohibido estaban rechazando todo lo bueno que Dios estaba haciendo y había hecho por ellos. Curiosamente, antes de que la serpiente apareciera en sus vidas, el hombre y la mujer eran felices y vivían bien; pero después de la compañía de la serpiente, ellos empezaron sentirse inconformes y a rechazar lo otorgado por Dios.

Cuando nos sintamos incómodos con lo que tenemos y no nos sintamos bien con quienes están a nuestro alrededor, sería bueno preguntarnos: ¿por qué es que nos estamos sintiendo así?, ¿cuándo comenzamos a sentirnos de esa manera?, ¿será que alguna serpiente inyecto de su ponzoña para que empezáramos a rechazar lo que Dios nos regala constantemente?, o, ¿ciertamente tenemos justas y muy buenas razones para que no queramos aceptar lo que Dios nos ha dado? Quizá, debas empezar a revalorar las cosas, aceptando lo que Dios con amor te da y rechazando culebras ponzoñosas y todo aquello que no proviene de Dios.

Verbo mata…

•21 July, 2011 • 3 Comments

Era “x”. Difícilmente hubiese captado tu mirada si te lo hubieses topado en la calle en otras circunstancias. Pero notaste que además de una buena plática con él, te la pasabas bien y te hacía sentir genial. Sus palabras, halagos y chistes provocaban que desearas estar el mayor tiempo posible con él. Ante su proposición, no lo dudaste ni un momento: estabas completamente loca. Pero, cuando las cosas se formalizaron, “cambió”. Ya casi no platicaban, dejó de ser romántico y detallista. Con el paso del tiempo, te percataste que realmente no cambió, sino que se dio a conocer tal cual era. Todo fue una farsa, te engañó. Sus palabras no eran ciertas, sus diálogos eran aprendidos y fuiste víctima de sus técnicas de seducción para conquistarte. Al final, su verbo mató tu ilusión, tu deseo, tu amor y la relación.

En Aprendamos sobre el juego… vimos la importancia que tienen las palabras no sólo en la biblia y la literatura, sino también en la seducción. En Ojo, lengua, oreja y seso de manera indirecta señalamos la inclinación que tienen las mujeres a ser cautivadas por el oído –por las palabras y halagos que se les dicen- mientras que los hombres por la vista –por el darse gusto por lo que miran: el físico-. También, en ¡Dile la verdad! expusimos que debemos tener mucho cuidado con las cosas que decimos, ya que las palabras que expresemos tienen consecuencias, y en muchos casos, demandan congruencia e integridad. Las palabras –y en general lo que expresamos- tienen poder, el poder de hacernos sentir, ya sea bien o mal. Pero para que esas expresiones causen sensaciones, emociones y deseos, primero deben pasar por nuestro cerebro. Y dependiendo lo que nuestra mente quiera oír, será la manera en que nos habremos de sentir. Sin embargo, aquí no termina todo. Dependiendo cómo nos sintamos, actuaremos. ¿Cuántas mujeres que quieren sentirse valoradas y amadas son presa de “aves de rapiña” que con sus palabras sólo quieren satisfacer sus deseos sexuales? O ¿Cuántas personas terminan con el corazón roto y el alma destrozada porque sólo jugaron con sus sentimientos a través de las palabras?

A pesar de lo vil y maléfico que se ocultaba en las palabras que la serpiente le dijo a Eva, encontramos una realidad contundente: hicieron sentir tan “bien” a la mujer que actuó conforme a cómo se sintió. Las palabras de la serpiente provocaron deseo en Eva, y este deseo, la llevó a actuar. El problema que tenemos aquí, es que lo que hizo sentir especial y bien a Eva fue toda una trampa y farsa. Tristemente, Adán no tuvo la capacidad que tuvo la serpiente: cautivar a Eva completamente. La lección de este post es que no debemos permitir que otros(as) nos hagan sentir y actuar de manera contraria o desviada a nuestros principios o convicciones, que debemos estar alerta ante este tipo de situaciones y estar atentos a lo que nuestras expresiones generen para que en el momento apropiado mejoremos la forma en que nos expresamos y las sensaciones y acciones que nuestra palabras provocan.

Prohibida obsesión

•20 July, 2011 • 2 Comments

Las caricias son cada vez más candentes. Los besos más apasionados. Desbordas de deseo. El erotismo se hace patente. Te carcome el anhelo, tu pasión por una prohibida obsesión: ¡sexo! Tu cuerpo y emociones te incitan a hacerlo: quieres experimentarlo. Pero por dentro sientes que todavía no es el momento apropiado, que no es correcto “¿Lo hago? ¿No lo hago?”: Te cuestionas internamente.

Para muchos pensar en el sexo es claramente excitante: la aventura, el placer, el momento. Pero para otros, es más que sólo un instante de pasión… En 1, 2, 3, 4: Home run ya hablamos sobre la unión sexual, pero en este post queremos en lugar de tratar el sentimiento de culpa por haber tenido una(s) relación(es) sexual(es), el por qué llega a verse algo como prohibido y nuestra inclinación hacia ello.

Según las palabras que Eva pronunció a la serpiente (Génesis 3:2-3), ella pensaba que con tocar el árbol y/o comer de él moriría. El hombre y la mujer podían comer de todo árbol, menos de ese. Dios les había dado una orden, pero no les había dado una explicación. Seguramente por sus mentes pasaba “¿Por qué? ¿Por qué ese árbol en especial? ¿Por qué hemos de morir?”. Aquí tenemos una enseñanza muy interesante: El no conocer la causa o el por qué de algo despierta curiosidad. Considero que la curiosidad en sí no es nociva, ya que muchos descubrimientos se han efectuados originados por esta. Los problemas vienen cuando la curiosidad nos obsesiona y por la forma en que buscamos satisfacer esta obsesión. Maliciosamente, lo que la serpiente le dijo a la mujer sobre el árbol “satisfizo” su curiosidad, despertando en ella el deseo. La serpiente le dijo a la mujer lo que quería escuchar: una razón o causa de por qué la prohibición de ese árbol específico. Lamentablemente, el escuchar lo que queremos oír nos predispone a creer mentiras o verdades a medias; ya que la serpiente le ofreció a la mujer cosas que según ello no tenía, pero que realmente no estaba consciente de que eran propias de ella. Esto despertó en la mujer el deseo por lo prohibido: le tenían miedo a morir y la serpiente les dijo que eso no iba pasar y que la razón de la prohibición es que Dios no quería que fueran con Él, conocedores del bien y del mal.

¿Qué podemos aprender de esto? Dios les había dado a Adán y Eva una orden, una prohibición, pero no les dio una causa o por qué. Dios les mandó que no comieran del árbol, Él quería que lo obedecieran. El principio de la obediencia es la confianza: Dios quería que el hombre y la mujer confiaran en sus palabras. Ahora, aunque ellos tenían curiosidad por el árbol, el no saber por qué de la orden de Dios, no les daba permiso de desobedecer ese mandato o ignorarlo. Como la serpiente le dio una “respuesta” a la inquietud de Eva, como esta fue falsa, las cosas terminaron peor: experimentando en carne y espíritu propio el por qué Dios no quería que comieran del fruto del árbol. Aplicando esto, la base de una sana relación está en la confianza en Dios. Pero confiar en Él implica muchas veces no saber el por qué de su Voluntad o las cosas que quiere de nosotros. Así mismo, si confiamos en Dios -muchas veces no sabiendo los por qués-, también podremos confiar en las personas o la pareja.

Sobre esto, concluimos que lo prohibido más bien es aquello sobre lo que tenemos límites y que no conocemos su razón de ser. Algo prohibido es algo que podemos hacer, pero que se nos han puesto límites para hacerlo. Adán y Eva podían comer de fruto del árbol en cuestión, pero Dios los limitó a no hacerlo. Por ejemplo, en nuestros días el sexo extramarital llega a verse como algo prohibido. Podemos hacerlo, muchos lo hacen, es hasta algo común. Tener limitantes o parámetros para algo que ciertamente podemos hacer despierta curiosidad en nosotros. Sin embargo, el hecho que no entendamos o sepamos el por qué no es conveniente, no nos eximen de las consecuencias de ese por qué que no entendemos o sabemos. Para algunos su deseo será despierto con la mentira de: “Todos lo hacen.” Otros procurarán entender el por qué no es bueno o por qué muchas religiones consideran esto como pecado. La realidad es, que lo que Dios quiere no es que busquemos soluciones, o creamos mentiras, sino que confiemos en Él.

¿Debilidad?

•16 July, 2011 • Leave a Comment

Todas hablan de él: Guapo, “detallista”, halagador, buena persona, honrado. Lo comienzas a tratar, y con el paso del tiempo, te percatas que todas esas “cualidades” sólo ocultan sus asquerosas intenciones: ¡Sólo se quiere acostar contigo! El buen hombre resultó ser un buen farsante. ¿Acaso habrá hombres realmente sinceros, que se fijen en ti por lo que eres, que te valoren y aprecien?

Su sola presencia te derrite y pone nervioso. Es lo que todos desean y envidian. Comienzas a salir con ella, y resulta que lo único increíble que tiene es su cuerpo y físico. Detrás de ese bello caparazón, no hay algo: ¡nada! No piensa, no tiene criterio, no tiene opinión. ¿Por qué Dios permite que existan seres tan bellos y a la vez tan estúpidos?

Detrás de estos casos, tanto en mujeres como en hombres se encuentra un estereotipo, una idea aceptada por la mayoría: “La mujer perfecta es la que tiene un excelente físico.” “El hombre ideal es el que te hace sentir bien –con halagos, regalos, ternura, etcétera-.” Como observamos en estos casos, en la realidad nos damos cuenta que lo que algunos piensan o quieren, no es lo que realmente queremos y necesitamos. Un ejemplo muy claro para citar, es lo que sucede en el mundo de la farándula, actores, estrellas y artistas: Estos personajes tienen lo que muchos desean –fama, dinero y buen cuerpo-; pero cuando estás consiguen el objeto de su deseo –alguien a quien “amar” como ellos, con fama, dinero y buen cuerpo- en una relación amorosa, el tiempo es el que da el veredicto. Son un fiasco: Engaños, divorcios, escándalos y más. Son personas que por fuera tiene mucho, pero por dentro casi nada. Y esto sucede porque no sólo se dejan guiar por una idea de lo que es una “gran persona”, sino porque se obsesionan con esta.

Cuando nos topamos con ciertas ideas, tenemos la opción de dejarnos influenciar por estas o no. A veces, hasta de aceptarlas o rechazarlas. Y respecto a ideas que nos pueden influir, hablaremos en esta ocasión: de lo que la serpiente sembró en la mente de la mujer. Ya en las entradas anteriores hemos visto lo que la serpiente le dijo a la mujer. Ahora, veremos el resultado que tuvieron esta sarta de mentiras y verdades a medias. Hasta antes de que Eva se topara con la serpiente, ella le tenía –podríamos decir que hasta- miedo al árbol en cuestión. Ella motivada por un prejuicio, pensaba que con el sólo hecho de tocar el árbol se iba a morir. Aquí ya tenemos una actitud: ella se comportaba según una idea que tenía en mente. Pero, después de platicar con la serpiente y considerar lo que ésta le dijo, la mujer cambio su postura sobre el árbol y el fruto de este: “La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió.” (Génesis 3:6). Al principio, ni se acercaba al árbol. Después de permitir que la serpiente sembrara ciertas ideas en su mente, hasta lo deseaba.

La vida nos enseña valiosas lecciones. Por ejemplo, tienes la idea de que jamás saldrás con alguien con determinadas características. Hasta que te encuentras a una persona con la que jamás saldrías que es la gran excepción. Primero, te comportabas según una idea, luego, la realidad te dio una lección que hizo que tu comportamiento e idea cambiaran. ¿Qué pudo haber hecho Eva para no dejarse influenciar por la serpiente? Quizá propiamente no sea una debilidad en el ser humano, pero sí una característica peculiar: nos dejamos influenciar por otros, por ideas; tendemos a seguir la corriente. Lamentablemente, ser influenciados es algo que no podemos evitar. Pero lo que sí podemos hacer es determinar qué ideas o cosas tendrán influencia en nosotros. ¿Y cómo hacemos esto? En Verdades a medias: mentiras verdaderas ya mencionamos algo al respecto: cerciorarnos bien. En esto, el indagar, preguntarse y ser muy realistas nos ayudarán a comprobar si, el dejarnos influenciar por los dichos, acciones o actitudes de cierta(s) persona(s), será benéfico o no. Si como cualidad en nosotros está el que seamos influenciados, entonces Eva debió pensar, sopesar y corroborar con Adán y Dios lo que la serpiente le había dicho, antes de actuar bajo la influencia. Y aquí hay algo más: Primero pensar en lo que nos influenciará, luego dejarnos influenciar y por último, actuar.

Ayuda idiota

•15 July, 2011 • Leave a Comment

¿Dónde está cuando más lo(a) necesitas? ¿Dónde se habrá metido? ¿En verdad te quiere como para apoyarte en esos momentos difíciles? Este tipo de preguntas son las que normalmente nos hacemos cuando nos sentimos solos en esos momentos frustrantes, complicados y desesperantes. La cuestión es, que muchas veces –o casi siempre, sólo nos sentimos solos, cuando en realidad contamos con el apoyo necesario. Una cosa es sentirse solo, y otra estarlo; una tener la ayuda necesaria, y otra tener la ayuda que queremos. Recordemos, que no siempre lo que queremos es lo que necesitamos.

La tradición bíblica machista nos “enseña” que el ser humano perdió su relación con Dios –murió espiritualmente- debido a la “batida de baba” de Eva: “¡Tenía que ser mujer! La echó a perder bien feo. Todo por culpa de Eva.” ¿Pero esto fue realmente así? Dios le otorgó al ser humano una ayuda idónea, una compañía adecuada. En ¿Por qué queremos a alguien? dijimos que a pesar de la relación que el ser humano tenía con Dios, Dios mismo lo creo con un vacío que sólo su ayuda idónea podía satisfacer, de ahí que los creara hombre y mujer y que esto fue bueno en gran manera. Bueno en gran manera: Dios, Adán y Eva. En el marco de los primeros versículos de Génesis 3 vemos solo a Eva y a la serpiente. ¿Dónde estaba Adán? ¿Por qué no pidió ayuda Eva a Dios o auxilio a Adán? Al parecer, la mujer no se percato del gran peligro en el que se encontraba con la serpiente. Dios creó al ser humano para que estuvieran juntos, para que ambos tuvieran ayuda y compañía mutua e idónea.

Aquí vemos el gran error no sólo de Eva, sino también de Adán: no estaban juntos el hombre y la mujer. Cada uno andaba por su lado. En un descuido de los dos, no estaban unidos. Y un momento como este, la malvada serpiente no lo desaprovechó. La solución no radica en que la pareja esté siempre junta, como si fueran siameses. La pareja debe estar unida a pesar de la distancia y/o preparada ante determinadas circunstancias no contempladas –como cuando viene una serpiente a inyectar de su ponzoña-. En situaciones como la que tuvo Eva, ¿dónde estaba Adán? Si Eva si sintió tentada por la serpiente, ¿por qué no fue a buscar la ayuda idónea de Adán? El otro gran error del ser humano es, querer solucionar o afrontar un problema solo. Fuimos creados para ser seres sociales, así que socialmente debemos afrontar nuestras dificultades: con la ayuda idónea y con la guía de Dios.

Tenemos que reconocer que ante ciertos problemas o conflictos, nuestra persona especial no podrá estar presente físicamente, así como Adán no pudo estar cuando Eva fue tentada por la serpiente. La idea es tener apoyo y ayuda a pesar de una ausencia física o soledad presencial. Así, cuando venga la serpiente, y nos encontremos solos como Eva, recordaremos que no debemos enfrentar esa situación solos, por lo que buscaremos a nuestra ayuda adecuada para poder vender: nuestra compañía idónea y Dios.

Verdades a medias: mentiras verdaderas

•14 July, 2011 • 2 Comments

Después de una sesión de besos, le dices: “Estoy muy feliz.” La verdad y lo que quisiste decir: “Estoy muy excitado(a).” Te pregunta: “¿Qué me ves?” Respondes: “Que eres muy hermosa.” La verdad: Estás buscando el mejor ángulo para su escote. Te pregunta: “¿Por qué estás así? ¿Estás molesta?” Respondes: “No, no es nada.” La verdad y lo que quisiste decir: “¿Todavía te atreves a preguntar? ¿Qué no te das cuenta que me molestó mucho lo que hiciste/dijiste?” Te preguntan: “¿Dónde estás?” Respondes: “Paseando.” Te vuelven a preguntar: “¿Con quién?” Respondes: “Con ‘fulanito(a) de tal’.” La verdad: Estuviste un rato con ‘fulanito(a) de tal’ y ahora estás con él(ella).”

A veces solemos usar verdades a medias o mentiras “piadosas” para ocultar cierta verdad de un asunto o supuestamente para no lastimar o perturbar a otros(as). Pero algo que a veces no consideramos o aún sabiéndolo lo hacemos, es que el ocultar la verdad tarde o temprano tiene sus graves consecuencias. Si el ocultamiento de la verdad tiene resultados desagradables, ¿qué no será de las verdades combinadas con mentiras? Veamos el caso de la serpiente y Eva.

La primera mentira de la serpiente fue muy fácil de detectar, tanto, que hasta la mujer se dio cuenta: “¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?” Pero ante la respuesta de Eva ya prejuiciada por una suposición “Dios nos ha dicho: «No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán.»” [Ver Dicen por ahí, pienso por ahí…], la serpiente fue más astuta, combinando la verdad con la mentira, ya que le dijo a la mujer: “¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.” (Génesis 3:4). Obviamente Adán y Eva no iban a morir si tocaban el árbol, pues Dios no les mencionó algo parecido a ello. Pero sí iban a morir -o la relación entre Adán, Eva y Dios se iba a terminar- si comían del fruto de este. Ciertamente sí se les iban a abrir los ojos a Adán y Eva, pero no en el buen sentido; en otras palabras, iban a perder su inocencia (3:7). Ellos al comer del fruto del árbol, no serían como Dios, pues claramente ya eran como Dios; debido a que fueron creados a imagen y semejanza de Él [Ver Lo mismo pero distinto]. Si comian de dicho fruto, no serían conocedores del bien, pues el bien lo conocían y vivían; pero sí conocedores del mal, convirtiéndose en hacedores de maldad. En pocas palabras, diríamos que la serpiente les jugó chueco a Adán y Eva, se los chamaqueó, les dio gato por libre.

¿Cuál es la mejor solución para las verdades a medias? Cerciorarse bien de lo que se está diciendo, para así no malentender o entender a conveniencia lo dicho. Si la historia bíblica fuera otra y Eva hubiese sido más astuta que la serpiente, tal vez ella hubiese cuestionado a la serpiente de la siguiente manera: “¿Por qué dices que no vamos a morir? ¿A qué te refieres con morir? ¿En qué sentido entiendes eso de “se nos abrirán los ojos”? ¿Qué quieres decir con que seremos “conocedores”? ¡Explícate!” Indagar y cuestionar es bueno en casos como estos, donde nos están tendiendo una trampa y poniendo una tentación. ¿Pero hacerlo en cualquier ocasión -como en un momento de pasión-? Creo que así, hasta le quitaría el chiste al amor…